segunda-feira, 16 de abril de 2018

Antonio de Nebrija, autor de la primera Gramática de la lengua castellana

Gramática castellana, de Antonio de Nebrija - 1492

La Gramática castellana (con su título original Grammatica Antonii Nebrissensis fue escrita por Antonio de Nebrija y publicada en 1492. Fue la primera obra dedicada al estudio de la naciente lengua castellana y sus reglas. Anteriormente, habían sido publicados otros tratados sobre el uso de la lengua latina, como el de Lorenzo Valla, Tratado sobre gramática latina de 1471. 
Se trató de un vasto proyecto de Nebrija que inicialmente no encontró el apoyo necesario de la reina Isabel la Católica. Fue con el mecenazgo de Juan de Zúñiga que finalmente se hizo realidad la publicación de la que se considera  la primera gramática del castellano, en el mismo año en que publica también el Diccionario latino español
Sin embargo, en la época - año de 1496, el mismo de la llegada de Colón a América- parece que no se le dio tanta importancia, a juzgar por la falta de reimpresiones: la primera fue entre 1744 y 1777, patrocinada por Francisco Miguel de Goyeneche, conde de la Salceda. 
La Gramática castellana, de Antonio de Nebrija es la primera gramática del nuevo idioma castellano y también la primera de una lengua vulgar que se imprime en Europa, en un momento en el que todavía no se consideraba el castellano como una "lengua de cultura". 
Vale repetir que fue la primera gramática de una lengua romance o neolatina, ya que fue publicada veinticuatro años antes que la italiana de Giovanni Francesco Fortunio (1516) y treinta y siete antes que la de Trissino (1529); cuarenta y cuatro años antes que la portuguesa de Fernando de Oliveira (1536), y cincuenta y ocho antes que la francesa de Louis Meigret (1550).
Nebrija se adelanta a su época y, después de haber publicado las Introductiones latinae, llega a la conclusión de que es necesario aprender el castellano para estudiar el latín, pues, al fijarse sus reglas, se evitaría que el proceso natural de corrupción lo alejara más de éste. 
La obra se dividide en cinco libros: "Ortografía", "Prosodia", "Etimología", "Sintaxis" e "Introducciones de la lengua castellana para los que de extraña lengua querrán deprender".
Hay autores que afirman que Nebrija puede haber estado al frente de la imprenta anónima de la cual salieron muchas de sus obras. Cabe recordar que no podía colocar su nombre en el pie de imprenta por ser incompatible ese oficio con su cargo de catedrático de universidad, y por eso no hay certeza de que fuera así. La obra se imprimió en un taller anónimo que, según se supone por los estudios tipográficos, estuvo activo entre 1492 y 1500 y en el que se imprimieron numerosas ediciones de este autor. En el texto, impreso con tipos góticos, se han utilizado tintas roja y negra y puede observarse el hueco en blanco para las iniciales.
En años posteriores, otras gramáticas la seguirán: 
Nebrija, Reglas de ortografía, 1517. Valdés, Diálogo de la Lengua, 1535. Andrés Flórez, Arte para bien leer y escribir, 1552. Martín Cordero, La manera de escribir en castellano, 1556. Villalón, Gramática castellana, 1558. Correas, Ortografía castellana, 1630. Real Academia Española, Gramática de la lengua española, 1771.

JV. São Paulo, abril de 2018.

domingo, 15 de abril de 2018

Alfonso X y la Escuela de Traductores de Toledo

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Alfonso X y la Escuela de Traductores de Toledo

17/07/2014 ·Fuente: HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN
Existe una cierta inclinación a relacionar siempre a la Escuela de Traductores de Toledo con el rey sabio (1221-1284)  cuando, en realidad, la creación de la misma se produjo en el siglo XII por obra del arzobispo de Toledo y gran canciller de Castilla, de 1126 a 1150, Raimundo de Sauvetât, un monje cisterciense de origen francés.
Sin embargo, su germen se encuentra en la presión que ejercieron sobre judíos y algunos musulmanes los ataques de los invasores almorávides y almohades que, durante los siglos XI y XII, obligaron a aquellos a emigrar hacia los reinos cristianos peninsulares del norte portando con ellos toda la sabiduría adquirida por la cultura árabe durante los últimos siglos
Así,  fue Toledo, desde 1085 ciudad cristiana conquistada por Alfonso VI de Castilla, la ciudad escogida para crear en ella el núcleo desde el que difundir toda esa cultura.
Entre los sucesores del fundador destaca Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo (1170-1247), conocido por ser autor de libros de historia y, sobre todo, por su participación en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que fue un actor destacado, y también los eruditos Domingo Gundisalvo (c. 1115- post 1190) y Juan Hispano (?-ca. 1180).
En un principio, la Escuela se inclinó por la ciencia: obras de medicina y  matemáticas, después por la astrología, astronomía y magia y, finalmente, por la filosofía, adquiriendo notoriedad en toda Europa, lo que produjo la llegada a Toledo de numerosos sabios extranjeros atraídos por los prodigiosos libros árabes. El escocés Michael Scot (Miguel Escoto) (ca. 1175- ca. 1232) será el autor de las primeras traducciones de Aristóteles y Averroes.
De verdadero éxito se puede calificar a las traducciones griegas, árabes y judías tras tantos siglos en que Europa estuvo sumida en  la penumbra de la cultura medieval. Aristóteles, hasta muy entrado el siglo XII, era apenas conocido. Sería a mediados del siglo XIII cuando, gracias a la labor de Avicena y Averroes, la obra aristotélica empezó a conocerse y se abrió el horizonte del pensamiento y la filosofía. Se comenzó a investigar la naturaleza basándose en la razón.
Se tradujeron obras de Ptolomeo, Galeno, Hipócrates, Euclides…, provocando un auténtico impacto cultural, y la teología pasó de ser una enseñanza pastoral ejercida desde el púlpito en las iglesias para convertirse en una disciplina académica.
Pero las traducciones de obras de autores paganos no gustó a la Iglesia que no tardó mucho tiempo en condenarlas.
Sería Alfonso X, con su llegada al trono, quien espolearía el centro con traducciones de tratados de astronomía, física, alquimia, matemática y también obras recreativas como libros de ajedrez, dados y tablas y recopilaciones de cuentos como Calila e Dimna ySendebar. Desde entonces las traducciones ya no se verterían al latín, sino al castellano con lo que el conocimiento abarcaría un espectro de lectores mucho más amplio.
Si a alguien, entre otros ilustrados, debemos el auge de la cultura en una época en la que se empezaba a vislumbrar el fin de la Edad Media es sin duda al rey sabio que ejerció su mecenazgo sobre toda clase de científicos, eruditos o trovadores. Si su trabajo no fue el de creador absoluto sí es cierto que dirigió el quehacer de sus traductores y seleccionó entre sus obras las de más valor.
A la  Escuela de Traductores de Toledo debe Europa en gran medida, y el trabajo de traducción en general,  su posterior desarrollo científico e intelectual.
R.M.M. Jordán
Historiador

sexta-feira, 13 de abril de 2018

La España árabe. 711 a 1492


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La Primera Crónica General de España, que mandó compilar el Rey Alfonso X el Sabio, daba en dos escenarios distintos la derrota de don Rodrigo. El primero en el río Guadalete. Pero también y enseguida, decía la Primera Crónica  que "algunos dicen que fue esta batalla en el campo de Sangonera, que es entre Murcia y Lorca". No vamos a tratar de eso hoy. Pero es un tema pendiente (JV)

Los conflictos internos del reino visigodo

A finales del año de 710, Hroþareiks o Rodericus - conocido más tarde como Rodrigo-, dux de la Bética, fue proclamado rey en Toledo por el Senatus de la aristocracia visigoda, tras la muerte de Witiza. 
No se sabe con seguridad si Rodrigo se había sublevado antes contra el rey fallecido, venciéndolo, pero sí es cierto que consiguió una mayoría que lo apoyó en la asamblea electoral de los nobles. Y era, por tanto, el rey legítimo, según el antiguo derecho visigodo.
Pero otro sector de la nobleza apoyó al rey Agila II, que era dux de la Tarraconense. Agila II gobernó en el Nordeste, en un territorio que ocupaba el sur de Francia, la actual Cataluña y el valle del Ebro, o sea, las provincias visigodas de Iberia y Septimania, que en parte se equivalían a las antiguas provincias romanas de Narbonense y Tarraconense, e incluso acuñó monedas propias. 
Puede ser que Agila II fuese ya antes, desde 708, un rey asociado a Witiza, a cuyo clan parece que pertenecía. Incluso algunas fuentes lo mencionan como hijo suyo, aunque esto ya es poco probable.
El reino visigodo, por lo tanto, estaba en una clara situación de conflicto civil o, al menos, dividido por algún tipo de acuerdo de reparto y de asociación, tal vez como ya había sucedido en varias otras ocaciones en el pasado. 
A los pocos meses de haber subido Rodrigo al trono, en una situación de falta de unanimidad entre los visigodos y con un reino muy vulnerable, se produjo la invasión árabe desde el norte de África en 711.

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Invasión de la Península Ibérica por las tropas musulmanes.

En medio de este clima de divisiones internas, Tariq ibn Ziyad - que era lugarteniente de Musa ibn Nusayr, gobernador de Ifriqiya, un territorio dependiente del walí de Egipto-, desembarcó a principios del año 711, al comienzo de la primavera, en la bahía de Algeciras, que era llamada entonces Iulia Traducta, con un ejército de unos 7 mil hombres de origen fundamentalmente bereber, un pueblo que solo recientemente había sido sometido, e incluso cristianos del norte de África. 
Las fuentes musulmanas hablan de entre 1700 y 12 mil hombres, considerando 7 mil combatientes una cifra intermedia y que es bastante repetida en la historiografía. Tariq se estableció firmemente en el peñón de Gibraltar - nombre que deriva de este conquistador, Ŷebel at-Tariq, o Montaña de Tariq en árabe, muy bien protegida por su altura, mientras que empezaba a recibir todo su ejército en sucesivas levas de desembarcos. Desde allí comenzó a saquear los campos y las ciudades de la baja Andalucía.
Tariq aprovechó con agudeza de buen militar el hecho de que el conde de la Bética estaba viajando con el rey Rodrigo en una campaña por el norte, al parecer contra los vascos, puesto que, cuando el rey realizaba acciones militares más alejadas de su base, siempre llevaba a los condes del reino con él. Y esto era así por el doble motivo de que necesitaba sus recursos humanos para reunir un ejército, y al mismo tiempo para evitar una posible sublevación mientras él realizaba una campaña militar por otros territorios. 
En años anteriores a 711 ya había habido varias incursiones militares de tropas musulmanas contra algunas ciudades del sur, que habían sido rechazadas o que se habían retirado al poco tiempo después de obtener un suficiente botín en los asaltos. Por ello, la incursión de Tariq no despertó inicialmente una gran preocupación.
Además, según las leyes para tiempos de guerra decretadas por Wamba y reforzadas por su sucesor Ervigio, todos los súbditos residentes en un perímetro de cien millas alrededor de la zona donde hubiera surgido el peligro tenían la obligación de tomar las armas, sin necesidad de ninguna convocatoria, ante la sola noticia de la existencia del mismo. Pero esto, a pesar de las duras sanciones previstas, no siempre se cumplía. Los nobles terratenientes de la zona tendrían interés en defender sus propiedades y cosechas, claro, y el conde de cada territorio tenía como una de sus funciones la defensa del mismo.
Al darse cuenta de que las fuerzas locales del sur de la península no podían con Tariq, y que éste no se retiraba como había ocurrido en otros anteriores ataques musulmanes, el rey visigodo acudió contra él.
Rodrigo también se atrasó en su reacción contra la invasión mora porque se encontraba en plena lucha por las tierras del norte. En aquel momento estaba sitiando a la ciudad de Pamplona, cuyas murallas habían sido restauradas no hacía mucho por el rey visigodo Wamba. Pamplona, o bien había caído en poder de los vascones o estaba en manos de nobles witizanos leales a Agila II. Rodrigo, en todo caso, partió hacia Toledo sin haberla recuperado. Cuando las tropas comandadas por Rodrigo entraron en contacto con las de Tariq ya habían pasado varios meses desde su llegada al sur. Durante ese tiempo Tariq ibn Ziyad había obtenido el refuerzo de cinco mil bereberes más.

Otro asunto a considerar es que organizar un ejército no era nada fácil de organizar en los últimos tiempos del reinado de los visigodos por causa de la pérdida de propiedades del patrimonio de la corona, que era la que sostenía el reclutamiento de los siervos que cuidaban y trabajaban en esas propiedades. Esto hizo que Rodrigo tuviera un ejército propio muy reducido y dependiera de los efectivos militares de los nobles. Aunque había leyes que multaban a quienes no apoyasen al rey, muchos nobles preferían mantener los trabajos agrícolas, fuente de sus ingresos. Si a todo eso se le suma el problema de Agila II en el noroeste y, además, la división nobiliaria en el bando vivigodo como un todo, el resultado fue que, encima de presentarse tarde, el ejército de Rodrigo no debe haber sido muy numeroso. Y además de reducidas, estas tropas estaban divididas, con desacuerdos que generaron luchas internas e incluso deserciones. Es muy probable que, incluso, el invasor árabe Tariq recibiera durante la batalla apoyo de nobles witizanos que llegaban junto con las tropas del rey.

JV. São Paulo, abril de 2018

sexta-feira, 5 de janeiro de 2018

Chile, 6 de enero. La Pascua de los Negros

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Chile, 6 de enero. La Pascua de los Negros

Durante la colonización española, sobre todo en Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, México y Uruguay, el seis de enero era feriado para los esclavos negros que salían a las calles a bailar al ritmo de sus tamboras. 

Esto origina el nombre de Pascua de los Negros con que el día es conocido en varios países, como en Chile o Paraguay donde la comunidad Afro paraguaya celebra el día de su santo, San Baltasar.

Pero en Chile, a pesar de que la población negra no alcanzó altos índices en el período colonial, sus orígenes datan desde cuando los hacendados españoles celebraban la Fiesta de la Epifanía o de los “Reyes Magos”, 12 días después del nacimiento de Cristo, y daban el día libre a sus esclavos negros, quienes descansaban y rendían culto, con cantos y danzas,  al niño Dios. 
Los esclavos identificaban la fiesta con el Rey Mago Baltasar que, según la leyenda, era negro y en la identidad religiosa de los esclavos era su santo protector.

En muchos países de América Latina la tradición toma los nombres de Día de Reyes, Fiesta de San Baltazar o Pascua de Negros. 
En Chile se celebra el 6 de enero en Arica,  Iquique y Roma, cercanías de Colchagua, y convoca a toda la comunidad afroariqueña y chilena a compartir un pan de pascua, dulces, chocolate y danzas como símbolo de ofrenda de los Reyes Magos al niño Dios. 

La Pascua de los Negros empieza en Iquique, al norte, con la llegada de más de 700 imágenes del Niño Jesús, que son guardadas en una iglesia, desde el domingo 4 de enero, hasta la celebración de la Epifanía del Señor, cuando en la madrugada del 6 de enero, son dados a sus dueños, adornados con peritas de pascua y variedad de dulces.

Miles de personas se juntan antes de la medianoche en la iglesia central del pueblo de La Tirana; con sus ropas tan llamativas, listos para empezar a brindar tributo al niño Jesús que viene en los brazos del obispo de Iquique.

En medio de la multitud tomada de las manos en una cadena humana, aparece la figura de tamaño real, un niño de carita angelical y una mirada que transmite paz y ternura. Se cubre con un awayu ceremonial andino, poncho de colores fuertes. 
Mientras tanto, los bailes de pastores, suenan con sus instrumentos de cañas, o tubos plásticos y de colores, y agitan sus pañuelos coloridos al viento.


La celebración de la Pascua de los Negros, igual que otras manifestaciones que vinieron a América desde el viejo mundo, fueron el modo de sobrevivencia de la cultura andina - y en este caso, también la africana- que cubrió con ropajes católicos a su Pachamama. La Virgen del Carmen, expresión de ese camuflaje sincrético, fue la mejor estrategia de ocultamiento de la religión de los pueblos andinos.

5 de enero de 2018. 📚📚📚#libreriaespanolaehispanoamericana

quarta-feira, 3 de janeiro de 2018

América Latina, medios de comunicación concentrados y respuestas ciudadanas alternativas

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América Latina, medios de comunicación concentrados y respuestas ciudadanas alternativas

En América Latina, la estructura centralizada de la propiedad de las industrias de producción y circulación masiva de bienes y servicios de la cultura y de la comunicación se contrapone a un proceso de ampliación de las respuestas sociales de expresión que empezó en los años de 1980, tras la recuperación de la democracia en muchos de los países de la región.

Las regulaciones sobre medios de comunicación en varios países de la región son impulsadas por la sociedad civil y algunas pocas veces por la intervención gubernamental. La convergencia tecnológica entre medios audiovisuales, telecomunicaciones e internet llama a nuevos actores e impacta en las empresas periodísticas.
Los grupos concentrados de medios construyeron una articulación con el poder político, generando escasa regulación del sector, dispuesta al servicio de la propiedad de los medios. En varios países no existen plazo de devolución de las licencias audiovisuales, lo que obstaculiza la realización de concursos periódicos, como en Uruguay y Brasil. En los casos en que hay plazos definidos por ley, ellos no se respetan y se crea así un modelo en el que los licenciatarios audiovisuales explotan las licencias a perpetuidad, como en Argentina o Venezuela.

La propiedad en pocos grupos lleva a unificar la línea editorial y a reducir la diversidad. La concentración, además, vincula negocios de espectáculo y sus estrellas exclusivas, del deporte, con escándalos de compras de derechos de televisación, de la economía en general, incluyendo entidades financieras y bancarias, de la religión – el caso de las iglesias neopentecostales en Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay-, y de la política, con políticos que son magnates de medios o socios en grupos mediáticos, con áreas informativas exclusivas, lo que altera la autonomía de los medios.

Otra forma de concentración es la geográfica, al producir contenidos e informaciones en los lugares sede de los principales grupos  - Buenos Aires en Argentina, São Paulo y Río de Janeiro en Brasil, Santiago en Chile, Montevideo en Uruguay, Lima en Perú, Caracas en Venezuela o el Distrito Federal en México-. Esto empobrece las distintas versiones de la realidade por parte de las audiencias y condena a grandes sectores del interior de los países.

Los grupos concentrados crearon una marca mediática en el imaginario nacional en países como en México la Televisa), en Brasil la Globo, en Argentina Clarín, en Colombia Santo Domingo y Bavaria, en Chile Mercurio, o en Venezuela  Cisneros.
Difícilmente esos grandes grupos latinoamericanos habrían alcanzado el poder y el predominio que tienen en sus diferentes países sin la ayuda de sucesivos gobiernos, el apoyo del estado y la fragilidad de la regulación que no promuever la diversidad, y al contrario, estimula la uniformidad de actores y puntos de vista en los medios.

Por otro lado, esa concentración dio lugar a respuestas, o reacciones más populares, independientes o alternativas, que son espacios de recomposición del tejido social, y lugares de representación de diferentes identidades culturales y de construcción de la democracia. Las radios comunitarias y ciudadanas, por ejemplo, se definen como medios  de comunicación que toman un lugar en la construcción democrática en relación con los demás actores sociales. Su misión se relaciona directamente con el ejercicio de derechos ciudadanos, porque se propone ser un ámbito para el ejercicio de la ciudadanía autogestionada y autónoma, expresión de intereses colectivos políticos y culturales de un proyecto comunicacional, donde un grupo de personas usa sus derechos a la comunicación y a la expresión.
Así han surgido decenas de rádios, TVs y periódicos digitales alternativos, como la Mídia Ninja en Brasil y otros muchos que listamos a continuación, algunos con claras definiciones sociales y políticas, otros más independientes:


Telesur     www.telesurtv.net

Agencia Venezolana de Noticias      www.avn.info.ve

La Jornada (México)                         www.jornada.unam.mx

Semanario Negro y Blanco (Argentina)   www.semanariopopularnegroyblanco.blogspot.com.ar

La Haine   www.lahaine.org

ANNCOL, Agencia de Noticias Nueva Colombia       www.anncol.eu

Agencia Boliviana de Información       www3.abi.bo

Kaos en la red                                       http://www.kaosenlared.net/

Rebelión                                              http://www.rebelion.org/

Clarín de Colombia                            http://www.clarindecolombia.info/

Radio Centenario de Uruguay          http://www.radio36.com.uy/

Cuba Debate                                   http://www.cubadebate.cu/

Cuba Información                   www.cubainformacion.tv

Portal Alba                     www.alianzabolivariana.org

Enlace zapatista      www.enlacezapatista.ezln.org.mx

FM La Tribu (Argentina)      www.fmlatribu.com

Barricada TV       www.barricadatv.org

 YVKE Radio Mundial (Venezuela)       www.radiomundial.com.ve

Radio Globo Honduras      www.radioglobohonduras.com

Colombia Informa             www.colombiainforma.info/

Alba Movimientos            www.albamovimientos.org/

Revista Venceremos (Argentina)     revistavenceremos.wordpress.com/

Contagio radio (Colombia)          www.contagioradio.com/

FM Riachuelo (Argentina)         www.fmriachuelo.com.ar

terça-feira, 12 de dezembro de 2017

El argentino que se hizo querer de todos. Julio Cortázar visto por Gabriel García Márquez.

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El argentino que se hizo querer de todos. 

Julio Cortázar visto por Gabriel García Márquez.


Por Gabriel García Márquez
Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados. 
A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible. 
Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. 
Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo. 
Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer. 
Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de Lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre peloteros más mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. 
Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón. 
Años después, cuando ya éramos viejos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a si mismo en uno de los cuentos mejor acabados – El otro cielo -, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina. Como si lo hubiera hecho frente a un espejo. Cortázar lo describió así: “Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija. La cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y se rehúsa a dar el paso que lo devolverá a la vigilia.”. Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera percibido una interpelación semejante. 
Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor. Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo. En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez. 
Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. 
En alguna parte de La vuelta al día en ochenta mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elogías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.

Tomado de “Manual de Cronopios”, Francisco J. Uriz. – Ediciones de la Torre ©1992

segunda-feira, 27 de novembro de 2017

La era de Carlos Fuentes


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Por Georgina García Gutiérrez Vélez
 La Era de Carlos Fuentes
Fallecido el 15 de mayo de 2012, el escritor mexicano Carlos Fuentes legó una obra amplia y ambiciosa a la que buscó agrupar bajo el concepto general de “La edad del tiempo”. ¿Qué significa esta operación de reordenamiento de una obra en curso? ¿Cuáles son las implicaciones de una etiqueta con que se integraban libros de cuentos y novelas escritos a lo largo de varias décadas?
¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas edad mía!            
¡Qué mudos pasos traes muerte fría,   
pues con callado pie todo lo igualas!  
FRANCISCO DE QUEVEDO

El tiempo que todo lo devora —revoluciones, políticos, burgueses— es capturado por el arte que sí sobrevive. México, el mundo, quedan en la novelística mestiza de Fuentes… El gran mural de Fuentes abarca más que el siglo XX y es indispensable para comprenderlo. La gran memoria mural es la respuesta creativa de Carlos Fuentes al reto del devorador implacable que no tiene edad.
GEORGINA GARCÍA GUTIÉRREZ VÉLEZ,
“México, arte y Revolución: la novela mural de Carlos Fuentes” (2010)
A MANERA DE PREÁMBULO: 
LA VIDA DE “LA EDAD DEL TIEMPO”
La mayoría de los libros de narrativa de Carlos Fuentes tiene una lista titulada “La edad del tiempo” que presenta sus novelas y volúmenes de cuentos. Apareció a mediados de la década de los años ochenta del siglo pasado y siguió acompañando sus obras durante 27 años, hasta Federico en su balcón. Esta novela póstuma, que salió en septiembre de 2012, cuatro meses después de la muerte del escritor, ocupa el último número de “La edad del tiempo”. Sobre el lugar de esta novela en la lista, Fuentes dejó instrucciones precisas a su editor Ramón Córdoba Alcaraz de ponerla en el XVI. Le agradezco a Ramón este dato serio y confiable, porque proviene de quien conoció muy de cerca el modo de trabajar de Carlos Fuentes.
“La edad del tiempo” aparece por primera vez en Gringo viejo (1985), editada por el Fondo de Cultura Económica. La incluirán los siguientes títulos publicados por la misma editorial: Cristóbal nonato (1987), Constancia y otras novelas para vírgenes (1990), La campaña (1990). Alfaguara la incorpora, definitivamente, a partir de El naranjo, o los círculos del tiempo (1993), cuando Fuentes empieza a publicar en esta casa. Por tanto, no se trataba de una colección, pues la noticia aparecía casi siempre, sin distingos de la editorial que sacara los volúmenes (en la segunda solapa, en la cuarta de forros). Me intrigaron las modificaciones constantes que podrían significar que Fuentes estaba al pendiente de “La edad del tiempo”, haciendo cambios, aumentando su numeración. Al darle seguimiento y comparar las diferencias, al “leer” entre sus líneas, me percaté de cómo se movía la vida de la literatura en manos de su creador: “La edad del tiempo” era otra de sus obras y algo más. Descubrí, poco a poco, que se trataba de un texto distinto, que decía muchas cosas sobre el Fuentes narrador y que permitía entrever la complejísima relación creativa que tenía con sus narraciones en general, no sólo con las enlistadas.1 En cierta forma, el examen de “La edad del tiempo”, quizás hizo posible atisbar, muy fugazmente, el proceso de creación de Fuentes.
Lo escrito aquí comunica el producto o resultados más recientes de una exploración que me ocupa desde hace varios años y que está en varios artículos y ensayos: la narrativa mural.2 También resumo otras exploraciones y retomo ideas que he ido formulando desde que empecé a estudiar la obra de Fuentes. Este ensayo condensa gran parte de mis escritos sobre Carlos Fuentes.
En uno de los homenajes post mortem que la UNAM hizo a Carlos Fuentes,3 sus amigos del medio siglo: Miguel Alemán Velasco, Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero, Porfirio Muñoz Ledo, Sergio Pitol (su texto fue leído por Hernán Lara Zavala), evocaron a un Fuentes vivo, joven. Flotaba la idea de que Fuentes tuvo la fortuna de morir sin los estragos de la decadencia intelectual y física. Silvia Lemus confió: “murió lleno de vida…”. Había el consenso de que Carlos Fuentes partió inteligente y guapo como siempre. Las palabras atinadas de Porfirio Muñoz Ledo expresaron el sentimiento general: “Murió en el frente de batalla. No dejó un minuto de trabajar, de inventar y de viajar. Falleció por su vitalidad. Se fue envidiablemente joven, elegante e intacto”. 
Ahora comprendo la sabiduría de las evocaciones de ese día que ayudaron a enriquecer la experiencia del duelo de México por su gran escritor: Fuentes se fue a tiempo. Quizá fue afortunado porque no le tocó vivir el México cuya realidad supera las distopías y profecías apocalípticas con que advirtió, cada vez más alarmado, que el rumbo elegido llevaba a finales descritos en la Biblia,a la que tanto recurrió para narrarel principio y el fin del tiempo.Ya no atestiguó cómo el horror de nuestro Apocalipsis real rebasa la imaginación. Vivimos el futuro que predijeron sus novelas: el fin del tiempo. 
Por fortuna, no le tocó ver que diariamente despertamos y la pesadilla está allí. El México que Fuentes imaginó y recreó, murió con él, pero su obra sobrevive. La muerte clausuró un tiempo, el suyo: la “Era de Carlos Fuentes”.
1  Una nota con la descripción esquemática de “La edad del tiempo” o de su evolución, mero reporte de un ejercicio académico, no despejaría las inquietudes que me despertó el texto tan sugerente (aunque debí cumplir esa etapa preliminar, antes de escribir este ensayo). Afortunadamente, mis investigaciones sobre la obra de Carlos Fuentes me condujeron a “La edad del tiempo”. [Regreso]
2  Con gusto comprobé que la gran narrativa de Carlos Fuentes nace del muralismo mexicano. La nombré “novela mural” y empleo el término para todas sus narraciones sean o no de ficción —como El espejo enterrado—, pues el otro origen mexicano de su novelística es la llamada “novela de la Revolución Mexicana” que incluye todo tipo de discursos narrativos, no sólo el novelesco, igual que la narrativa mural de Fuentes. Conceptos como despliegue, totalidad, preservación, con sus variantes, que elaboré en el marco teórico de mi estudio de la narrativa mural de Fuentes, aparecen siempre en mis escritos. [Regreso]
3  En el Centro Cultural Universitario el 11 de noviembre de 2012, el día del cumpleaños del escritor. La Revista de la Universidad de México publicó sus textos pocos días después, en el número de diciembre. [Regreso]