sexta-feira, 5 de janeiro de 2018

Chile, 6 de enero. La Pascua de los Negros

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Chile, 6 de enero. La Pascua de los Negros

Durante la colonización española, sobre todo en Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, México y Uruguay, el seis de enero era feriado para los esclavos negros que salían a las calles a bailar al ritmo de sus tamboras. 

Esto origina el nombre de Pascua de los Negros con que el día es conocido en varios países, como en Chile o Paraguay donde la comunidad Afro paraguaya celebra el día de su santo, San Baltasar.

Pero en Chile, a pesar de que la población negra no alcanzó altos índices en el período colonial, sus orígenes datan desde cuando los hacendados españoles celebraban la Fiesta de la Epifanía o de los “Reyes Magos”, 12 días después del nacimiento de Cristo, y daban el día libre a sus esclavos negros, quienes descansaban y rendían culto, con cantos y danzas,  al niño Dios. 
Los esclavos identificaban la fiesta con el Rey Mago Baltasar que, según la leyenda, era negro y en la identidad religiosa de los esclavos era su santo protector.

En muchos países de América Latina la tradición toma los nombres de Día de Reyes, Fiesta de San Baltazar o Pascua de Negros. 
En Chile se celebra el 6 de enero en Arica,  Iquique y Roma, cercanías de Colchagua, y convoca a toda la comunidad afroariqueña y chilena a compartir un pan de pascua, dulces, chocolate y danzas como símbolo de ofrenda de los Reyes Magos al niño Dios. 

La Pascua de los Negros empieza en Iquique, al norte, con la llegada de más de 700 imágenes del Niño Jesús, que son guardadas en una iglesia, desde el domingo 4 de enero, hasta la celebración de la Epifanía del Señor, cuando en la madrugada del 6 de enero, son dados a sus dueños, adornados con peritas de pascua y variedad de dulces.

Miles de personas se juntan antes de la medianoche en la iglesia central del pueblo de La Tirana; con sus ropas tan llamativas, listos para empezar a brindar tributo al niño Jesús que viene en los brazos del obispo de Iquique.

En medio de la multitud tomada de las manos en una cadena humana, aparece la figura de tamaño real, un niño de carita angelical y una mirada que transmite paz y ternura. Se cubre con un awayu ceremonial andino, poncho de colores fuertes. 
Mientras tanto, los bailes de pastores, suenan con sus instrumentos de cañas, o tubos plásticos y de colores, y agitan sus pañuelos coloridos al viento.


La celebración de la Pascua de los Negros, igual que otras manifestaciones que vinieron a América desde el viejo mundo, fueron el modo de sobrevivencia de la cultura andina - y en este caso, también la africana- que cubrió con ropajes católicos a su Pachamama. La Virgen del Carmen, expresión de ese camuflaje sincrético, fue la mejor estrategia de ocultamiento de la religión de los pueblos andinos.

5 de enero de 2018. 📚📚📚#libreriaespanolaehispanoamericana

quarta-feira, 3 de janeiro de 2018

América Latina, medios de comunicación concentrados y respuestas ciudadanas alternativas

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América Latina, medios de comunicación concentrados y respuestas ciudadanas alternativas

En América Latina, la estructura centralizada de la propiedad de las industrias de producción y circulación masiva de bienes y servicios de la cultura y de la comunicación se contrapone a un proceso de ampliación de las respuestas sociales de expresión que empezó en los años de 1980, tras la recuperación de la democracia en muchos de los países de la región.

Las regulaciones sobre medios de comunicación en varios países de la región son impulsadas por la sociedad civil y algunas pocas veces por la intervención gubernamental. La convergencia tecnológica entre medios audiovisuales, telecomunicaciones e internet llama a nuevos actores e impacta en las empresas periodísticas.
Los grupos concentrados de medios construyeron una articulación con el poder político, generando escasa regulación del sector, dispuesta al servicio de la propiedad de los medios. En varios países no existen plazo de devolución de las licencias audiovisuales, lo que obstaculiza la realización de concursos periódicos, como en Uruguay y Brasil. En los casos en que hay plazos definidos por ley, ellos no se respetan y se crea así un modelo en el que los licenciatarios audiovisuales explotan las licencias a perpetuidad, como en Argentina o Venezuela.

La propiedad en pocos grupos lleva a unificar la línea editorial y a reducir la diversidad. La concentración, además, vincula negocios de espectáculo y sus estrellas exclusivas, del deporte, con escándalos de compras de derechos de televisación, de la economía en general, incluyendo entidades financieras y bancarias, de la religión – el caso de las iglesias neopentecostales en Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay-, y de la política, con políticos que son magnates de medios o socios en grupos mediáticos, con áreas informativas exclusivas, lo que altera la autonomía de los medios.

Otra forma de concentración es la geográfica, al producir contenidos e informaciones en los lugares sede de los principales grupos  - Buenos Aires en Argentina, São Paulo y Río de Janeiro en Brasil, Santiago en Chile, Montevideo en Uruguay, Lima en Perú, Caracas en Venezuela o el Distrito Federal en México-. Esto empobrece las distintas versiones de la realidade por parte de las audiencias y condena a grandes sectores del interior de los países.

Los grupos concentrados crearon una marca mediática en el imaginario nacional en países como en México la Televisa), en Brasil la Globo, en Argentina Clarín, en Colombia Santo Domingo y Bavaria, en Chile Mercurio, o en Venezuela  Cisneros.
Difícilmente esos grandes grupos latinoamericanos habrían alcanzado el poder y el predominio que tienen en sus diferentes países sin la ayuda de sucesivos gobiernos, el apoyo del estado y la fragilidad de la regulación que no promuever la diversidad, y al contrario, estimula la uniformidad de actores y puntos de vista en los medios.

Por otro lado, esa concentración dio lugar a respuestas, o reacciones más populares, independientes o alternativas, que son espacios de recomposición del tejido social, y lugares de representación de diferentes identidades culturales y de construcción de la democracia. Las radios comunitarias y ciudadanas, por ejemplo, se definen como medios  de comunicación que toman un lugar en la construcción democrática en relación con los demás actores sociales. Su misión se relaciona directamente con el ejercicio de derechos ciudadanos, porque se propone ser un ámbito para el ejercicio de la ciudadanía autogestionada y autónoma, expresión de intereses colectivos políticos y culturales de un proyecto comunicacional, donde un grupo de personas usa sus derechos a la comunicación y a la expresión.
Así han surgido decenas de rádios, TVs y periódicos digitales alternativos, como la Mídia Ninja en Brasil y otros muchos que listamos a continuación, algunos con claras definiciones sociales y políticas, otros más independientes:


Telesur     www.telesurtv.net

Agencia Venezolana de Noticias      www.avn.info.ve

La Jornada (México)                         www.jornada.unam.mx

Semanario Negro y Blanco (Argentina)   www.semanariopopularnegroyblanco.blogspot.com.ar

La Haine   www.lahaine.org

ANNCOL, Agencia de Noticias Nueva Colombia       www.anncol.eu

Agencia Boliviana de Información       www3.abi.bo

Kaos en la red                                       http://www.kaosenlared.net/

Rebelión                                              http://www.rebelion.org/

Clarín de Colombia                            http://www.clarindecolombia.info/

Radio Centenario de Uruguay          http://www.radio36.com.uy/

Cuba Debate                                   http://www.cubadebate.cu/

Cuba Información                   www.cubainformacion.tv

Portal Alba                     www.alianzabolivariana.org

Enlace zapatista      www.enlacezapatista.ezln.org.mx

FM La Tribu (Argentina)      www.fmlatribu.com

Barricada TV       www.barricadatv.org

 YVKE Radio Mundial (Venezuela)       www.radiomundial.com.ve

Radio Globo Honduras      www.radioglobohonduras.com

Colombia Informa             www.colombiainforma.info/

Alba Movimientos            www.albamovimientos.org/

Revista Venceremos (Argentina)     revistavenceremos.wordpress.com/

Contagio radio (Colombia)          www.contagioradio.com/

FM Riachuelo (Argentina)         www.fmriachuelo.com.ar

terça-feira, 12 de dezembro de 2017

El argentino que se hizo querer de todos. Julio Cortázar visto por Gabriel García Márquez.

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El argentino que se hizo querer de todos. 

Julio Cortázar visto por Gabriel García Márquez.


Por Gabriel García Márquez
Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados. 
A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible. 
Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. 
Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo. 
Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer. 
Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de Lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre peloteros más mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. 
Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón. 
Años después, cuando ya éramos viejos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a si mismo en uno de los cuentos mejor acabados – El otro cielo -, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina. Como si lo hubiera hecho frente a un espejo. Cortázar lo describió así: “Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija. La cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y se rehúsa a dar el paso que lo devolverá a la vigilia.”. Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera percibido una interpelación semejante. 
Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor. Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo. En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez. 
Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. 
En alguna parte de La vuelta al día en ochenta mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elogías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.

Tomado de “Manual de Cronopios”, Francisco J. Uriz. – Ediciones de la Torre ©1992

segunda-feira, 27 de novembro de 2017

La era de Carlos Fuentes


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Por Georgina García Gutiérrez Vélez
 La Era de Carlos Fuentes
Fallecido el 15 de mayo de 2012, el escritor mexicano Carlos Fuentes legó una obra amplia y ambiciosa a la que buscó agrupar bajo el concepto general de “La edad del tiempo”. ¿Qué significa esta operación de reordenamiento de una obra en curso? ¿Cuáles son las implicaciones de una etiqueta con que se integraban libros de cuentos y novelas escritos a lo largo de varias décadas?
¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas edad mía!            
¡Qué mudos pasos traes muerte fría,   
pues con callado pie todo lo igualas!  
FRANCISCO DE QUEVEDO

El tiempo que todo lo devora —revoluciones, políticos, burgueses— es capturado por el arte que sí sobrevive. México, el mundo, quedan en la novelística mestiza de Fuentes… El gran mural de Fuentes abarca más que el siglo XX y es indispensable para comprenderlo. La gran memoria mural es la respuesta creativa de Carlos Fuentes al reto del devorador implacable que no tiene edad.
GEORGINA GARCÍA GUTIÉRREZ VÉLEZ,
“México, arte y Revolución: la novela mural de Carlos Fuentes” (2010)
A MANERA DE PREÁMBULO: 
LA VIDA DE “LA EDAD DEL TIEMPO”
La mayoría de los libros de narrativa de Carlos Fuentes tiene una lista titulada “La edad del tiempo” que presenta sus novelas y volúmenes de cuentos. Apareció a mediados de la década de los años ochenta del siglo pasado y siguió acompañando sus obras durante 27 años, hasta Federico en su balcón. Esta novela póstuma, que salió en septiembre de 2012, cuatro meses después de la muerte del escritor, ocupa el último número de “La edad del tiempo”. Sobre el lugar de esta novela en la lista, Fuentes dejó instrucciones precisas a su editor Ramón Córdoba Alcaraz de ponerla en el XVI. Le agradezco a Ramón este dato serio y confiable, porque proviene de quien conoció muy de cerca el modo de trabajar de Carlos Fuentes.
“La edad del tiempo” aparece por primera vez en Gringo viejo (1985), editada por el Fondo de Cultura Económica. La incluirán los siguientes títulos publicados por la misma editorial: Cristóbal nonato (1987), Constancia y otras novelas para vírgenes (1990), La campaña (1990). Alfaguara la incorpora, definitivamente, a partir de El naranjo, o los círculos del tiempo (1993), cuando Fuentes empieza a publicar en esta casa. Por tanto, no se trataba de una colección, pues la noticia aparecía casi siempre, sin distingos de la editorial que sacara los volúmenes (en la segunda solapa, en la cuarta de forros). Me intrigaron las modificaciones constantes que podrían significar que Fuentes estaba al pendiente de “La edad del tiempo”, haciendo cambios, aumentando su numeración. Al darle seguimiento y comparar las diferencias, al “leer” entre sus líneas, me percaté de cómo se movía la vida de la literatura en manos de su creador: “La edad del tiempo” era otra de sus obras y algo más. Descubrí, poco a poco, que se trataba de un texto distinto, que decía muchas cosas sobre el Fuentes narrador y que permitía entrever la complejísima relación creativa que tenía con sus narraciones en general, no sólo con las enlistadas.1 En cierta forma, el examen de “La edad del tiempo”, quizás hizo posible atisbar, muy fugazmente, el proceso de creación de Fuentes.
Lo escrito aquí comunica el producto o resultados más recientes de una exploración que me ocupa desde hace varios años y que está en varios artículos y ensayos: la narrativa mural.2 También resumo otras exploraciones y retomo ideas que he ido formulando desde que empecé a estudiar la obra de Fuentes. Este ensayo condensa gran parte de mis escritos sobre Carlos Fuentes.
En uno de los homenajes post mortem que la UNAM hizo a Carlos Fuentes,3 sus amigos del medio siglo: Miguel Alemán Velasco, Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero, Porfirio Muñoz Ledo, Sergio Pitol (su texto fue leído por Hernán Lara Zavala), evocaron a un Fuentes vivo, joven. Flotaba la idea de que Fuentes tuvo la fortuna de morir sin los estragos de la decadencia intelectual y física. Silvia Lemus confió: “murió lleno de vida…”. Había el consenso de que Carlos Fuentes partió inteligente y guapo como siempre. Las palabras atinadas de Porfirio Muñoz Ledo expresaron el sentimiento general: “Murió en el frente de batalla. No dejó un minuto de trabajar, de inventar y de viajar. Falleció por su vitalidad. Se fue envidiablemente joven, elegante e intacto”. 
Ahora comprendo la sabiduría de las evocaciones de ese día que ayudaron a enriquecer la experiencia del duelo de México por su gran escritor: Fuentes se fue a tiempo. Quizá fue afortunado porque no le tocó vivir el México cuya realidad supera las distopías y profecías apocalípticas con que advirtió, cada vez más alarmado, que el rumbo elegido llevaba a finales descritos en la Biblia,a la que tanto recurrió para narrarel principio y el fin del tiempo.Ya no atestiguó cómo el horror de nuestro Apocalipsis real rebasa la imaginación. Vivimos el futuro que predijeron sus novelas: el fin del tiempo. 
Por fortuna, no le tocó ver que diariamente despertamos y la pesadilla está allí. El México que Fuentes imaginó y recreó, murió con él, pero su obra sobrevive. La muerte clausuró un tiempo, el suyo: la “Era de Carlos Fuentes”.
1  Una nota con la descripción esquemática de “La edad del tiempo” o de su evolución, mero reporte de un ejercicio académico, no despejaría las inquietudes que me despertó el texto tan sugerente (aunque debí cumplir esa etapa preliminar, antes de escribir este ensayo). Afortunadamente, mis investigaciones sobre la obra de Carlos Fuentes me condujeron a “La edad del tiempo”. [Regreso]
2  Con gusto comprobé que la gran narrativa de Carlos Fuentes nace del muralismo mexicano. La nombré “novela mural” y empleo el término para todas sus narraciones sean o no de ficción —como El espejo enterrado—, pues el otro origen mexicano de su novelística es la llamada “novela de la Revolución Mexicana” que incluye todo tipo de discursos narrativos, no sólo el novelesco, igual que la narrativa mural de Fuentes. Conceptos como despliegue, totalidad, preservación, con sus variantes, que elaboré en el marco teórico de mi estudio de la narrativa mural de Fuentes, aparecen siempre en mis escritos. [Regreso]
3  En el Centro Cultural Universitario el 11 de noviembre de 2012, el día del cumpleaños del escritor. La Revista de la Universidad de México publicó sus textos pocos días después, en el número de diciembre. [Regreso]

sábado, 18 de novembro de 2017

Poesía Gallega Actual XOSÉ AZAR


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La autora de la reseña es la amiga Susana Diez de la Cortina Montemayor, filóloga, directora académica de AulaDiez español online (www.auladiez.com), y autora de numerosos libros de poesía y de enseñanza de español para extranjeros. Ya hemos publicado aquí algunas de sus muchas intervenciones, y esperamos publicar más. Gracias!


Poesía Gallega Actual  
XOSÉ AZAR: 
Vitalismo Inmanentista e Integración 

Memoria de la conferencia pronunciada por su editora, Elena Diez de la  Cortina, en el acto de homenaje en Madrid al poeta, escultor y filósofo  gallego el 16 de noviembre de 2017.
El pasado día 16 de noviembre tuvo lugar en Madrid un sentido homenaje al escritor, filósofo y  escultor Xosé Azar con motivo del primer aniversario de su muerte. Allí estuvieron su viuda y  también artista Carmen Lorente Valero, el coordinador de actividades culturales de la  Delegación de la Xunta de Galicia en Madrid, Ramón Jiménez Pérez, la escritora Pepa Nieto y la  filósofa y directora de la Editorial Manuscritos, Elena Diez de la Cortina. Los participantes  hicieron mención de las distintas facetas intelectuales del polifacético pensador y artista  gallego, con el emotivo final de una lectura, realizada por Carmen en lengua gallega, de la  poesía de su marido.

Una poesía que, como bien indicó Elena, editora de la poética rosaliniana  de Xosé Azari, contiene una profunda carga filosófica: “Pepe, además de un excelente poeta y  escritor, era también un magnífico artista y un filósofo muy original. En el trasiego de la edición  de su obra, nos fuimos haciendo buenos amigos y nos gustaba quedar, de vez en cuando, para  dar paseos por el campo mientras filosofábamos. En aquellos paseos me fui dando cuenta de  que Pepe, pese a su gran humildad, tenía ya elaborado todo un sistema filosófico propio.

Y no solo eso: lo tenía prácticamente escrito, a falta de un prólogo‐carta que me dedicó en 2011.  Me refiero a su obra Vida masculino/femenina que pueden ustedes consultar en su página  web: más de ochocientas páginas de buena filosofía”. En efecto, tal como indica el título y nos  señaló Elena, la Vida era para Xosé Azar la pregunta principal de la filosofía, ya que en el  mismo acto de nacer se encuentra la más trágica paradoja del ser humano: la separación de la  entraña materna, el desentrañamiento:

                     “La verdad más radical del ser humano es el  desentrañamiento primordial; de ahí deriva mucha infelicidad, pero también todo lo grandioso  que la humanidad hizo, sobre todo en las artes y en el espíritu”, nos dice el poeta en su obra  sobre Rosalía.

A partir de ahí Elena Diez de la Cortina fue engranado una ponencia en la que nos sintetizó  cómo para Azar el verdadero y primigenio paraíso del que fuimos expulsados no es sino la  madre, aquella plenitud de integración perdida con ella cuya nostalgia nos hace buscar una  nueva pertenencia, el ‘ser entrañables’ para alguien:

                        “Esa es la genuina vuelta a Ítaca de todos  nosotros”, nos resumía Elena, recordándonos que la palabra ‘nada’ en castellano procede de  ‘nata’, es decir, nacida, de ahí que “todo lo nacido llevará dentro de sí mismo su propio ‘no  ser’, su propia carcoma de la nada que lo va devorando y consumiendo desde el primer hasta  el último día”, de forma que, como seres desentrañados, desterrados del paraíso, nos  encontramos en pleno desasosiego en este siglo XXI que algunos llaman  el “siglo del  nihilismo”. 

Pero precisamente – nos recuerda certeramente Elena‐ la palabra ‘nihilismo’ viene  de ‘ne‐hilum’, es decir, sin hilo, sin ese cordón umbilical que es el engarce relacional de todo lo  viviente: “vivir es encontrar, retomar el hilo perdido, restituir aquello que nos integra pese a  las diferencias, permitirnos nuevos y genuinos entrañamientos con los que nos rodean, con el  mundo, con la naturaleza”. Y terminó Elena Diez de la Cortina citando textualmente unos  párrafos de la carta‐prólogo que Xosé Azar le había dedicado, y que van aquí transcritos a  continuación: 

                  «No hay un espíritu que llegue de fuera y nos llene de sí, Dios no viene activo a nosotros, pasivos; no existe si nosotros no lo hacemos, es un niñito al que damos a luz; el deísmo es  pasividad.  Tampoco viene de los demás y tú te dejas conducir dócilmente; tienes que ponerte tú a arder  igual que ellos, de lo contrario no serás más que un madero muerto, por mucho que los otros  se quemen… Mi totalidad no es la misma que la de los demás comulgantes porque nace en mí;  y lo es porque está tejida con ellos, como una llamarada de una hoguera hecha de diferentes  llamas; estando yo solo no nace, tenemos que estar juntos, la hacemos nacer entre todos, es  trabajo común… Ese todo que contribuimos a formar es la Vida en su mayor gloria.  Ella no nos hace a nosotros: nosotros la hacemos a ella y cesa cuando la comunión acaba.  La Vida es los vivientes, se reparte en nosotros, no guarda nada para sí, más que una madre». 

Susana Diez de la Cortina Montemayor  Noviembre de 2017  
    
Véase la obra de Xosé Azar “Rosalía erótica y existencial, 50 poemas esenciales”, publicada  en 2010 por la Editorial  Manuscritos. 

sábado, 28 de outubro de 2017

Cortázar, la Belle de Jour y la Maga.




La Belle de Jour y la Maga.

Ya ves, 
nada es serio ni digno de que se tome en cuenta,
nos hicimos jugando todo el mal necesario,
ya ves, no es una carta esto,
nos dimos esa miel de la noche, los bares,
el placer boca abajo, los cigarrillos turbios
cuando en el cielo raso tiembla la luz del alba,
ya ves
Julio Cortázar

Julito había pasado más de cuatro horas vagando por las callecitas aledañas a la playa de Boa Viagem cuando la vio; se acuerda todavía de la muchacha bonita, una chica luminosa en el medio de la tarde, paseando sin prisas, un domingo azul. ¿Sería Belle de Jour la de la playa de Boa Viagem? 

A ella –a la que Julito llamó de inmediato “la bella de la tarde”- el poeta no le causó gran impresión. La cara ancha y los ojos separados, como los de un bovino; su aspecto de niño malvado y, en fin, la edad indefinida del escritor, no fueron elementos que pudieran encantar a la linda mujer vestida de azul.

Pero Julito, no; él la vio y pensó que era la niña más linda de toda la ciudad de Recife, y que sus ojos azules eran como la tarde suave en aquel paisaje playero, cercado de palmeras. Y hasta la rambla y la gran barrera de arrecifes de coral y sus piletas naturales, todo, todo combinaba con la visión angelical de aquella linda mujer.  

Mientras tanto, Zé Ramalho y la Maga todavía se buscaban por las calles cercanas a los jardines de Luxemburgo, y se perdían entre las mesas de las librerías del Barrio Latino, en los bares Boul'Mich y Old Navy, o el Quai de Jemmapes.

Pero fue exactamente en una droguería de la estación Saint-Lazare que Zé se encontro de cara con la Maga. No hablaron mucho, apenas lo suficiente para que Zé quedase completamente encantado, y la siguiera más tarde, desde el muelle de Conti hasta las puertas del cementerio de Montparnasse, donde Muñeca Sánchez se encontró un atardecer cualquiera con Julio Cortázar.

Zé Ramalho y la Maga, igual que Cortázar y la Belle de Jour –me fui dando cuenta después, con el pasar de los años y la llegada inexorable y despiadada de la vejez- no son más que meras fantasías románticas que la imaginación del pintor lleva a su paleta, para darle más color a las letras pobres del escritor. La Belle de Jour -toda de azul, pelo rubio oscuro, ojos combinando con el vestido- era la ficción de amor que Julito había soñado noches enteras en su departamentito parisino desde su legada hasta los años setanta. Y la había hecho concreta en una playa de Recife, en los trópicos brasileños.

Zé persigue a la Maga hasta la rue Monge, la espía disimuladamente, sentado en la boulangerie, especula que es allí que se ha instalado su musa, en la famosa rue Monge, la misma en la que aparecieron, cien años atrás, parte de los restos de las Arenas de Lutecia, el último vestigio aún visible del paso de los romanos por la antigua París, antes llamada Lutecia.  

-Las ciudades son siempre mujeres para mí, mi relación con ellas ha sido siempre la de un hombre con una mujer- le dice Zé Ramalho a Cortázar, que la mira embelezado a Belle de Jour, que se ha hecho amiga de la Maga, que se le escapa a Zé.

- Supongo que buscamos algo así, pero casi siempre nos estafan o estafamos. París es un gran amor a ciegas, todos estamos perdidamente enamorados, pero hay algo verde, una especie de musgo, qué sé yo- le contesta la Maga a Zé Ramalho, que se acuerda de Recife y de la Belle de Jour, que se olvida del poeta argentino, que recuerda que en realidad, él está perdidamente enamorado de la Maga.

Fin

Javier Villanueva. São Paulo, 8 de Julio de 2013.

terça-feira, 24 de outubro de 2017

Los Afrikaners en la Patagonia argentina




Los Afrikaners o Bóers en la Patagonia argentina


Un día helado, el 4 de junio de 1902, un grupo de hombres y mujeres desembarcaron en Comodoro Rivadavia, en plena Patagonia argentina, en busca de trabajo y de paz. 
En 1903, 1905 y 1907 llegaron al país contingentes todavía más numerosos que provenían en su gran mayoría del Transvaal y del Estado Libre de Orange, en África do Sul. 
Esos grupos de pioneros se distribuyeron en diversas ciudades de la provincia patagónica de Chubut. (JV)

Los Afrikáners en la Patagonia argentina

La inmigración sudafricana en Argentina, conocida como la Colonización Bóer en Argentina, fue el asentamiento de diversas familias provenientes de la República de Sudáfrica en el sur patagónico argentino. El proceso de colonización empezó el 4 de junio de 1902 y  las principales localidades donde se establecieron fueron: Comodoro Rivadavia, Manantiales Behr, Puerto Visser, Pampa Salamanca, Pampa del Castillo, Escalante, Cañadón Baumann, Pastos Blancos, Río Chico, Sarmiento, Bahía Bustamante, entre varias otras.
Los representantes de la comunidad de descendientes de sudafricanos boers – o Afrikáners- en Comodoro Rivadavia, cuentan que cuando sus antepasados llegaron a esa localidad no había más que 40 casas, y un poco más de cien habitantes. No había puerto, por lo que el barco tuvo que atracar mar adentro, desembarcando a los pasajeros en lanchones, "y hasta una vaca trajeron que les regalaron en Buenos Aires”, repiten con orgullo.
La Prefectura Naval y la Gendarmería les prestaron carpas a las familias boers para alojarse pero no había agua y la poca que había, se vendía. 
Esos 600 colonos bóers eran a su vez a su vez descendientes de los primeros colonos neerlandeses y franceses venidos de Holanda, y que se habían asentado en Sudáfrica desde finales del siglo XVII, a los que también se los conocía como afrikáners.
Provenían en su mayoría del Transvaal y el Estado Libre de Orange, que luego de una cruenta guerra de resistencia, de lucha guerrillera y popular, habían sido dominados por el Imperio Británico en la llamada Guerra Anglo-Bóer.
Para migrar hacia la Patagonia Argentina, la comunidad de colonos envió a dos representantes hacia Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut, para gestionar su establecimiento, y fueron recibidos por Francisco Pietrobelli, quién los llevó a recorrer la región, de modo de poder pedir enseguida tierras al gobierno. 

Los 600 pioneros llegaron en barcos cargueros de bandera inglesa, con carros de bueyes propios, traidos de África, y las mulas y carpas que el gobierno argentino les facilitó. La entrega de tierras fue autorizada por el entonces presidente Julio A. Roca, el mismo general que comandó las tropas que desalojaron a las naciones Tehuelche, Mapuche y Pampas de sus territórios patagónicos en 1978. Su Ministro de Agricultura, Wenceslao Escalante, fue homenajeado con el nombre de la colonia y luego con el del departamento donde los boers se ubicaron inicialmente.

Motivos de la emigración de África y de la inmigración hacia la Patagonia

Gran parte de la migración de bóers  - o afrikaners- hacia la Patagonia argentina se debía a las atrocidades sufridas por esos pueblos, descendientes de holandeses, alemanes y franceses (hugonotes huídos de las guerras religiosas) en manos de las tropas británicas.
Muchos de los familiares de los colonos habían muerto en los combates, o morirían más tarde en los campos de concentración británicos, durante la Segunda Guerra Anglo-Bóer. 
Los diversos contingentes fueron llegando al sur argentino, vía Buenos Aires, en 1902, 1903, 1905 y 1907. En los años de 1910, casi la mitad de los colonos bóers terminaron volviendo a sus países o estado natales en África, debido a la creación de la Unión Sudafricana por parte de las autoridades coloniales inglesas.

Entre las muchas familias que llegaron en aquellos tiempos estaban los pioneiros Dickason, Baumann, Coulter, du Plessis, Visser, Verwey, Weber, Fillmore, Palmer, Behr, Van Wyk, Viljoen, Vorster, Myburg, Botha, Venter, Kruger, Norval, Louw, Henning, Kock, Coetzee, Viviers, Cook, Blackie, Grimbeck, de Bruyn, van Zyl, van Vuuren, por citar algunas. Y finalmente, en 1903, nació el primer "bóer-argentino", hijo del estanciero Coulter; en 1904 se realizó el primer casamento em suelo patagón.

La saga de una nacionalidad errante

Los bóers eran en sus orígenes una comunidad con raíces alemanas, francesas y holandesas que habitaban la costa africana al sur del continente. Por causa de los crecientes conclictos con las tribus nativas y del avance inglês, fueron extendiéndose hacia el sudeste africano.
Cuando les llegó la invitación argentina para poblar la Patagonia recientemente sacada del control de las tribos autóctonas, hacía poco más de un año que había nacido la ciudad de Comodoro Rivadavia, con una media docena de casas, un telégrafo, algunos pocos galpones y un almacén.
La soledad y la aridez del suelo patagónico no los asustó. El Gobierno les había destinado tierras, lo que según el decreto del 28 de abril de 1902 era para “para radicar a un grupo de colonos laboriosos”. Cada uno de los bóers inmigrantes recibió gratuitamente 625 has. con el compromiso de trabajarlas, hacerlas producir y lograr la carta de ciudadanía al cabo de 2 años.


Vea también, en lengua inglesa, el reportaje al último Bóer de la Patagonia:
https://mg.co.za/article/2011-02-04-the-last-boers-of-patagonia/
http://iluvsa.blogspot.com.br/2009/08/argentinian-boers-oldest-boer-diaspora.html

2ª parte
Bóers o afrikaners en la Patagonia.
La saga de una nacionalidad errante

El 6 de Junio de 1902 llegan los Afrikaners – o Bóers- a la naciente ciudad de Comodoro Rivadavia, en la Patagonia argentina, y los recibe don Francisco Pietrobelli, el mismo que fundara antes la Colonia Sarmiento.

Las dificultades eran muchísimas, pero aquellos primeros colonos tenían una fortaleza física y espiritual enorme. Y a finales de 1903 vuelve el pioneiro Conrado Visser a su primitivo hogar sudafricano a buscar más compatriotas y esta vez ya son otras 30 familias, y casi un centenar de personas se embarcan con destino a la lejana Patagonia, instalándose al llegar en el Lago Munster, cerca de Sarmiento, proponiéndose volverse finos ganaderos al más corto plazo.

Y ya hacia finales de 1905 llegó al sur argentino la tercera ola de colonos bóers, nuevamente por la negociación e intermediación de Conrado Visser y de Martín Vinter. Esa vez fueron otros 300 colonos, que se instalaron a orillas del Río Chico, y en las colonias Sarmiento y Escalante.
De a poco los pioneiros bóers iban escribiendo sus páginas de trabajo y de tesón en la historia patagónica argentina. Aprendieron a luchar contra la adversidad en un clima diametralmente diferente al del sudafricano, tan severo y temperamental. Sufrían con los alimentos, que siempre les llegaban tarde desde Buenos Aires. Pero aunque los vientos castigaban con rigor sus moradas frágiles, en la lejana Patagonia disfrutaban de una libertad religiosa que les era difícil en el continente africano ante la intransigencia de los colonialisras ingleses; renacían los bóers en la Patagonia  al gozar del respeto de los ciudadanos sureños, de la confraternidad nacida en la lidia cotidoana del campesino. Al fin y al cabo, bóer en la lengua afrikaner no significa otra cosa sino labrador, trabajador de la tierra.

Cuando el agua escaseaba fue outro pioneiro afrikaner, Behr, el gran baqueano que descubrió una nueva fuente en la localidad hoy conocida como “Los Manantiales”.

Y en 1904, fue otra vez el baqueano descubridor del agua el que hiciera el primer registro de una niña bóer, María Inés Behr, primogénita del pionero Francisco Behr.
El primer sacerdote salesiano de la comunidade africaner fue Jorge Cristian Behr, otro pioneiro en el arte bóer de abrigarse en la religión – esta vez la católica- para escabullirle a los prejuicios y a la discriminación. Todos ellos, ante aquella inmensidad semidespoblada que fueron a encarar, soñaron y lograron producir un fabuloso trasplante de seres humanos.

La genética de los eternos migrantes

En 1700 se intensifica la expansión de la colonia holandesa iniciada un par de décadas antes, hacia el interior africano, y en un movimento continuo hasta ya bien entrado el siglo XIX, en que  se alcanzaron los límites actuales del território bóer en  Sudáfrica.
El gobernador Willem Adriaan Van der Stel, hijo de Simón, que fuera el fundador de la primera población interior llamada Stellenbosch, es destituído en 1707 de su cargo por los granjeros de la población, amenazados con la debacle económica causada por la monopolización del mercado. Los colonos empezaron a llamarse a si mismos "afrikaners" - o "bóers", como sinónimo-, un término que había usado despectivamente el gobernador Van der Stel para denominar a sus enemigos.
Hacia 1710 la colonia sudafricana había crecido mucho, y algunos integrantes de los grupos pioneiros querían buscar tierras mejores; para ello se lanzaron a explorar la región al este del Cabo africano, recorriendo las sendas abiertas por los cazadores y traficantes de ganado. Viajaban con sus familias en grandes carros tirados por bueyes, cubiertos con lonas, que les servían como hogares transhumantes durante el arreo de sus ganados.
Los blancos en su expansión hacia el este chocaron en 1770 por primera vez con los pueblos bantúes a orillas del río Great Fish, que se convirtió en frontera entre los colonos europeos y los nativos durante un largo período.

Hasta 1795 la organización central del gobierno local  permaneció en el poder de funcionarios de la Compañía  Holandesa de las Indias Orientales. Y fue hasta 1779 que los ganaderos ocuparon libremente más y más tierras en dirección al este y al norte, en un radio de 800 kilómetros de la Ciudad del Cabo, con granjas de hasta 3 mil hectáreas que arrendaban al gobierno.
La primera guerra (de las que hubo nueve en un mismo siglo) entre los ganaderos blancos y negros en la zona del Great Fish ocurrió entre 1779 y 1780, y fue seguida entre los años de 1795 y 1803    por la primera ocupación británica del Cabo.

El Tratado de Amiens, de 1803 a 1806, devuelve el Cabo a los holandeses, y es gobernado por la república de Batavia -nuevo nombre de Holanda bajo el dominio de Napoleón.
La segunda ocupación británica temporaria del Cabo se desarrolla entre 1806 y 1807, a la espera de un resultado victorioso de la guerra contra Napoleón.
 Al convertirse los Países Bajos en un estado satélite de Francia, en 1814 las tropas británicas atacaron la Colonia del Cabo que se incorporó definitivamente al Imperio Británico en ese mismo año. Las autoridades coloniales atrajeron a nuevos grupos de ciudadanos ingleses e intentaron "britanizar" a los afrikaners.
Además, por médio de un convenio, Holanda cedió en 1815 a los barcos de su Majestad británica el derecho de colonizar la costa africana, dejando a los bóers aun más a merced de las arbitrariedades de las autoridades inglesas.

En 1815 Shaka se convierte en el nuevo jefe de los nativos zulúes, y en 1834 salen las primeras expediciones del Cabo hacia el interior. La abolición de la esclavitud se decreta en 1836, y la Ley de Castigosdel Cabo de Buena Esperanza extiende el dominio británico a los voortrekkers. En esa misma época, el pueblo matabele es derrotado por los voortrekkers en la batalla de Vegkop.

Groot Trek - o La Gran Travesía

La Gran Marcha – o Travesía- de los granjeros bóers fue un movimiento voluntario de miles de hombres y mujeres (voortrekkers) que abandonaban sus hogares en sus carros de bueyes, y con un gran sacrificio personal, trataron de alejarse tanto como les fuera posible de la prepotência colonialista del gobierno británico del Cabo, bajo cuyo régimen los descendientes de holandeses y alemanes no tenían ningún futuro.
En 1841 el gobierno británico de El Cabo había rodeado y controlado al bloque de tribus bantú entre las montañas de Basutolandia - Lesotho- y el Océano Indico, hasta el río Umtamvuna, frontera sur de la que ansiaban ver como futura colonia británica de Natal.
En 1843 Natal es proclamada colonia britânica; y las dos repúblicas bóer, Transvaal y Orange, ambas poco pobladas y con economía pastoril, establecieron en 1850 un mecanismo básico de gobierno.
Después de 1850, a causa de la inmigración  británica, Natal quedó convertida en una colonia  mayoritariamente inglesa, con una mínima población blanca y otra, predominante, de nativos bantúes.
En 1852 Gran Bretaña reconoce la independencia deTransvaal, y dos años después se funda la república delEstado libre de Orange. Entre 1857 y 1859 ocurrieron los primeros avances, que enseguida se frustraron, hacia una federación entre las nuevas repúblicas.

La llegada de la primera mano de obra contratada de la India británica se produce en 1860, con destino a sus plantaciones azucareras. De los 152 mil hindúes que llegaron a Natal, la mitad prefiere permanecer en Sudáfrica y no volver más a la India.
En 1869 se descubren diamantes cerca de Kimberley, y cerca de 10 mil buscadores de piedras preciosas llegan en 1870 al río Vaal. Miles de trabajadores emigran de Kimberley.
Gran Bretaña se anexa en 1871 a Griqualand del Oeste, incluyendo las minas de diamantes de Kimberley.
A partir de 1875 cambió la política británica con la intención de federar Sudáfrica y todos los métodos diplomáticos fallaron.


Argentina, de 1875 a 1904

Para el gobierno argentino de las décadas de 1870 y 1880, la idea de "suprimir la frontera interior" significaba extender la soberanía del estado sobre el territorio hasta los límites políticos, someter a los nativos rebeldes, ocupar toda la región sur con población blanca, preferentemente inmigrantes recientes y colocarla al servicio de la producción, tal y como lo expresó el presidente Avellaneda a Adolfo Alsina, Ministro de Guerra y Marina, en respuesta a su proyecto de extender la frontera hacia el sur patagónico.

En consecuencia, en 1876 Argentina sanciona la Ley de Colonización o "Ley Avellaneda", que reglamentó la ocupación y la apropiación del suelo por casi 60 años. Esa nueva ley autorizaba varios sistemas de colonización. Fijaba el tamaño mínimo y máximo de las parcelas de tierras públicas a vender – de 25 a 400 hectáreas cada una- así como la extensión de las colonias - 40.000 hectáreas- y la cantidad de familias que en ellas se radicarían. Era también una ley que tenía en su horizonte la tan esperada  inmigración europea blanca.

El General Julio A. Roca es nombrado en 1877 Ministro de Guerra ante el fallecimiento de Alsina, y se completa el cerco final contra las naciones Tehuelche, Mapuche y Pampas em la Patagonia argentina, al mismo tempo que, en Sudáfrica, Gran Bretaña anexa el Transvaal.

Hacia 1880 el gobierno porteño en Argentina había conquistado 15.000 leguas y sometido a 14.000 nativos. Mientras tanto, y después de la derrota británica de 1881 en Majuba, Transvaal recupera parcialmente su independencia.

La saga bóer puede parecer pequeña si se compara a los números totales de la inmigración hacia Argentina en los siglos XIX y XX. Entre 1882 y 1889 ingresaron a la Argentina más de medio millón de inmigrantes, y es a ellos que se trata de incorporar con la ley del 10 de octubre de 1882, que divide el llamado gran “territorio nacional” en nueve gobernaciones, las del sur con asiento en General Acha (La Pampa), Chos Malal (Neuquén), Viedma - separada de la provincia de Buenos Aires- (Río Negro), Madryn (Chubut), Santa Cruz (Santa Cruz), Ushuaia (Tierra del Fuego). 

Javier Villanueva. Abril de 2017